Defensas

Lugar: Avión de comando de la AV que sobrevuela el río Madera.

Tiempo: 21 de Enero del 2.026, a las 4.06 de la madrugada.

—¿Situación actual? —preguntó Cóndor, comandante de los ejércitos del mundo, sentado al extremo de la mesa informática desde donde tomaría algunas de las decisiones más importantes de su vida en los siguientes minutos.

—Hay 88 misiles en camino. No tenemos las defensas emplazadas para detenerlos a todos. Nos concentraremos en proteger los centros urbanos mayores. —Gaviota, el subcomandante de defensa aérea sabía que el desastre era inevitable.

Una hoja frente a Cóndor le indicaba que sus principales asesores se encontraban repartidos por todo el mundo, supervisando la reconstrucción. El, Gaviota, y un especialista en sistemas eran los únicos que habían levantado vuelo en el avión de comando de la AV, cuando los dispositivos de autodefensa habían detectado el ataque.

—¿Qué tipo de ataque automático utilizan estos SLBMs? —interrogó Cóndor.

—Pentagrama, o sea que es difícil de contrarrestar eficazmente, —dijo el encargado de informática y sistemas.

Cóndor conocía superficialmente el sistema de ataque nuclear en pentagrama. Era una técnica que se mantenía vigente desde 1980, en el auge de la guerra fría entre las superpotencias de la época.

—Amplíenme información acerca de la técnica de ataque en pentagrama, —dijo Cóndor.

Una serie de diagramas aparecieron proyectados en tres dimensiones sobre la mesa, y luego se aplanaron hasta formar una estrella bidimensional de cinco puntas.

Gaviota habló:

—No vienen realmente en formación de estrella. El pentagrama es un esquema de sus sistemas de comunicación. Algo así como los diagramas de circuitos que vienen con las instrucciones de los aparatos electrónicos caseros que compras en las tiendas. Las cinco puntas de la estrella son las cinco centrales de comunicación del escuadrón de misiles, que tienen la misión de guiar los proyectiles hacia nuestras ciudades.

La siguiente imagen bidimensional se proyectó en el espacio sobre la mesa:

Gaviota prosiguió:

—Los círculos representan sus centrales de comunicación, y las líneas gruesas que los conectan representan el flujo de instrucciones de guía y control de los misiles. Al juntar los círculos con representaciones de sus comunicaciones internas de retransmisión, se forma una estrella de cinco puntas, un pentagrama. Por eso este sistema de ataque se llama así.

—¿Y las líneas mayores que salen de cada círculo y se juntan arriba?

—Representan su comunicación con el exterior del escuadrón, o sea con la base que les suministra informacion. Como ves, cada círculo está independientemente conectado. El diagrama es algo así como el ingreso de energía a un circuito. Pero en este caso hay cinco ingresos diferentes y autosuficientes.

—¿No podríamos dañar esa base externa?

—No, porque no sabemos dónde está, y no tenemos tiempo para rastrearla. Suponemos que está en un satélite invisible en órbita.

—¿Y las líneas delgadas?

—Representan conexiones de los misiles entre sí, y tienen la función de controlarse mutuamente triangulando, o sea controlando la dirección hacia el blanco por posición relativa entre los misiles. Sus conexiones forman un dibujo mucho más complicado, pero sus comunicaciones suministran información de guía más rudimentaria.

Cóndor empezó a comprender el objetivo del pentagrama:

—Es muy difícil neutralizar este ataque.

—Exacto. No puedes dañar el escuadrón lo suficiente como para parar el ataque. Si dañas parte del escuadrón e inutilizas dos de sus cinco centrales de comunicación, como en el siguiente diagrama

todos los misiles todavía tienen guía y control para llegar al blanco. Aún si dañas tres de sus centrales de comunicación, todavía hay guía para todos los misiles, como en el siguiente diagrama,

y aún si eliminas cuatro de las cinco centrales, como en el último diagrama, todavía cuentan con guía rudimentaria para llegar a su objetivo. Eso disminuiría su precisión, pero no detendría el ataque.

—¿Hay posibilidades de evacuar?

—No hay la suficiente infraestructura disponible.

—¿Tenemos una estimación de los daños?

—Sí. Será desastrozo. No tiene objeto empezar a pasar cifras. Es el fin de nuestro movimiento. Habrá caos en el mundo, y anticipamos que los grupos que estuvieron mejor organizados antes de que tomáramos el control tendrán más posibilidades de recuperar el poder.

—O sea que volveremos a lo mismo de antes: Multinacionales depredadoras y suicidas; destrucción masiva del medio ambiente; relaciones internacionales basadas en la codicia y el abuso; gobiernos delincuenciales, prepotentes y corruptos haciéndonos creer que son democráticos; cleros ignorantes y supersticiosos alimentando la sobrepoblación... ¿Qué planes de contingencia tenemos?

—Varios. Algunos están en marcha y otros están siendo activados mientras hablamos. Estamos empacando cajas negras que darán a los sobrevivientes una nueva oportunidad. Un pelotón élite ya ha sido movilizado para poner las cajas negras a buen recaudo. Han sido elegidos entre cientos de miles de candidatos por las bases de datos del cerebro electrónico. También estamos activando una reserva biológica autosuficiente que tiene dos líneas de defensa para evitar la depredación. La segunda puede servir para una contingencia futura como arma de guerra, pero requiere algo más de desarrollo en la parte de control.

—La estación “selva”.

—Sí, la estación “selva”.

—Muy bien. Si los dispositivos de contingencia están en marcha, concentrémonos en minimizar los daños de este ataque.

—Nuestros misiles antimisiles están en camino. Estimamos que destruirán un tercio de los misiles enemigos en el espacio.

—¿Habrán explosiones nucleares en el espacio?

—No por esa vía. Eso causaría un pulso electromagnético que entorpecería su sistema de comunicaciones. Por eso los misiles hostiles están diseñados para armar sus bombas atómicas sólo cuando estén muy cerca del blanco. Nuestros antimisiles los destruirán con explosiones convencionales.

—Causemos nosotros una explosión nuclear en el espacio con nuestros propios proyectiles para arruinar sus comunicaciones.

—Afirmativo. Estamos listos para enviar cinco cohetes termonucleares tierra-espacio hacia los lugares donde suponemos que se encuentran las puntas del pentagrama. Pero sus probabilidades de acertar los cinco blancos son menos del 10%. Además, también afectarán nuestros propios sistemas de comunicación antes de que los dispositivos de contingencia estén funcionando.

—¿Cuánto tiempo más requieren nuestros mecanismos de contingencia?

—Todo el tiempo posible de aquí hasta las primeras explosiones. Tenemos un déficit de casi dos minutos que estamos tratando de subsanar.

—¿O sea que si esperamos hasta que todas las contingencias hayan sido activadas, prácticamente tendremos a las bombas empezando a detonar encima de nuestras ciudades?

—Afirmativo. Pero también podemos hacerlo con riesgo calculado. Cinco minutos antes de la llegada de los misiles, tendremos 85% de los dispositivos de contingencia activados.

—Ordena detonar nuestras bombas atómicas en el espacio cinco minutos antes de la llegada prevista de los SLBMs enemigos. Advierte a todos nuestros aliados que nuestros sistemas de comunicaciones pueden ser dañados.

—Sí, Cóndor.

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